En una casa del norte neuquino, una guitarra queda al alcance de una hija. Antes de tocarla, ella ya había aprendido algo esencial: había mirado. Había escuchado. Había visto a su madre tocar.
Una de las cantoras campesinas lo recuerda de una forma sencilla y poderosa:
“Aprendí viendo a mi mamá, yo la escuchaba y la miraba cuando ella tocaba la guitarra y la dejaba por ahí, yo iba y primero charangueaba.”
La escena parece pequeña. Sin embargo, contiene una parte importante de la historia de las Cantoras Campesinas del Norte Neuquino.
El canto no aparece aquí como un conocimiento que comienza necesariamente en una institución, una partitura o una clase formal. Puede empezar mucho antes: en la convivencia, en la repetición cotidiana, en la escucha y en el deseo de intentar aquello que otra persona cercana ya hace.
Esa experiencia particular permite entrar en una historia más amplia sobre transmisión cultural, memoria, territorio y continuidad.
Antes del archivo estuvo la escucha
Cuando pensamos en preservar una expresión cultural, es frecuente imaginar primero un archivo: una grabación, una fotografía, un documento o una colección.
Pero el archivo aparece después.
Alguien cantó.
Alguien escuchó.
Alguien observó cómo se afinaba o sostenía una guitarra.
Alguien recordó una melodía.
Alguien volvió a interpretarla.
En el caso de las cantoras campesinas del norte neuquino, esa dimensión cotidiana resulta fundamental para comprender por qué una tradición puede continuar incluso antes de que exista un registro institucional de ella.
No significa que todas las cantoras hayan aprendido del mismo modo ni que exista una única genealogía de transmisión. Cada trayectoria posee su propia historia.
El testimonio incorporado en esta Entrega muestra, precisamente, una forma concreta de aprendizaje: observar, escuchar y después probar.
La transmisión no necesita ser idéntica para ser reconocible.
Cantar en el norte de Neuquén
Las cantoras forman parte de una tradición musical vinculada a repertorios donde aparecen especialmente cuecas y tonadas, junto con distintas maneras de interpretar y afinar la guitarra.
Pero reducirlas a un género musical sería insuficiente.
Su práctica está vinculada también a experiencias personales, familiares y territoriales. La música convive con actividades rurales, distancias geográficas, reuniones, celebraciones y formas de sociabilidad propias de diferentes lugares del norte neuquino.
El territorio, por eso, no funciona simplemente como paisaje de fondo.
Es el espacio donde esas experiencias ocurren.
Localidades como Varvarco, Las Ovejas o Manzano Amargo, entre otras del norte provincial, forman parte del universo territorial dentro del cual estas prácticas adquirieron continuidad.
En La Selección de VidiUX decidimos mostrar ese territorio sin convertirlo en una explicación total de las cantoras. La geografía ayuda a comprender el contexto; no reemplaza las historias personales.
De una guitarra cercana a una memoria colectiva
Hay una diferencia importante entre aprender una canción y conservar una tradición.
Una canción puede aprenderse una vez.
Una tradición necesita repetición, reinterpretación y nuevas personas dispuestas a hacerla propia.
En el testimonio que abre esta historia, la guitarra pasa simbólicamente de unas manos a otras.
Primero está la madre.
Después aparece la hija observando.
Más tarde llega el intento.
Ese movimiento resulta más significativo que una transmisión mecánica de repertorio. Lo que se transmite no es solamente una melodía: también se aprende cómo acercarse al instrumento, cómo escuchar y cómo participar de una práctica que ya existe.
La hija no recibe simplemente una canción terminada.
Encuentra una puerta de entrada.
¿Qué cambia cuando aparece una grabación?
Durante mucho tiempo, muchas expresiones musicales circularon principalmente entre las personas que podían escucharlas directamente.
El registro introduce otra posibilidad.
Una interpretación grabada puede viajar.
Puede escucharse lejos del lugar donde fue realizada.
Puede ser recuperada años después.
Puede llegar a alguien que nunca conoció personalmente a la cantora.
Ahí aparece una segunda dimensión de esta historia:
la transmisión por convivencia y la transmisión mediante el archivo no son lo mismo, pero pueden complementarse.
La grabación no reemplaza a las personas que mantienen viva una práctica.
Pero amplía enormemente su capacidad de circulación.
Una de las cantoras lo expresa en el material documental utilizado para esta Entrega:
“Me alegra esta posibilidad porque sé que va a llegar a muchos. Que va a llegar a los jóvenes, que va a llegar a las escuelas.”
La frase expresa una expectativa.
No constituye por sí sola una prueba de cuáles fueron posteriormente todos los públicos alcanzados por esas grabaciones.
Pero revela algo importante: la propia protagonista comprende el registro como una posibilidad de llegada.
La Trilogía de las Cantoras
Ese proceso de documentación adquirió una dimensión considerable.
Según el Instituto Nacional de la Música, la denominada Trilogía de las Cantoras Campesinas del Norte Neuquino reunió 59 canciones interpretadas por 27 cantoras.
La cifra permite dimensionar algo que el video sólo puede mencionar brevemente.
No estamos frente a una única voz presentada como representante absoluta de una tradición.
Existe una multiplicidad de intérpretes, repertorios y experiencias.
Y esa diversidad modifica la manera de pensar el archivo. Registrar no significa construir una voz única. También puede significar preservar diferencias.
El Segundo Registro Musical
La documentación no terminó con aquella primera recopilación.
Durante 2022 se realizó en Varvarco un nuevo registro vinculado a las cantoras campesinas.
La información institucional de la Provincia del Neuquén señala la participación de 17 cantoras en ese Segundo Registro Musical.
Las fotografías oficiales de esas jornadas son especialmente valiosas porque permiten observar a las protagonistas en situaciones vinculadas directamente con la práctica musical y con su entorno.
En ellas aparecen guitarras, encuentros, espacios interiores y exteriores, diferentes generaciones y formas de estar frente al instrumento.
No son solamente ilustraciones para acompañar una historia. Forman parte del registro visual de una práctica cultural que continúa teniendo protagonistas.
El archivo conserva; las personas continúan
Aquí aparece una distinción central.
Una grabación puede conservar una interpretación.
Una fotografía puede conservar una escena.
Un documento puede conservar nombres, fechas y datos.
Pero ninguna de esas cosas canta por sí sola.
La continuidad cultural requiere nuevamente personas.
Alguien tiene que escuchar.
Alguien tiene que aprender.
Alguien tiene que volver a tocar.
Por eso resulta especialmente significativa otra frase incluida en el documental:
“Yo creo que, no sé, soy la más joven, pero ojalá vengan otras, otras después de mí. Quiero que no se pierda.”
La expresión no demuestra que exista automáticamente una nueva generación preparada para reemplazar a la anterior.
Y justamente por eso tiene fuerza. Es un deseo. Una expectativa puesta en el futuro.
Entre conservar y mantener vivo
Existe una tentación habitual cuando hablamos de patrimonio cultural: confundir preservación con continuidad.
No son exactamente lo mismo.
Un archivo puede preservar algo incluso si deja de practicarse.
Una tradición viva requiere otra cosa.
Requiere repetición, apropiación, aprendizaje y nuevas interpretaciones.
En el caso de las cantoras, el registro institucional permite que voces y repertorios permanezcan disponibles. Pero la continuidad depende de quienes vuelvan a encontrarse con esas voces y decidan acercarse a ellas.
Por eso la secuencia más importante de esta historia podría resumirse así:
Ninguno de esos pasos garantiza automáticamente el siguiente. Pero cada uno puede ayudar a hacerlo posible.
Una fecha para reconocer a las cantoras
La importancia cultural de esta tradición también recibió reconocimiento institucional.
Las efemérides pueden funcionar simplemente como fechas conmemorativas.
Pero también pueden servir para que una práctica cultural vuelva a hacerse visible. Cada nueva escucha, investigación o publicación puede volver a poner en circulación aquello que el archivo conserva.
Las protagonistas siguen siendo ellas
En esta Entrega intentamos evitar una idea frecuente: que una institución, un investigador o un medio “rescata” por sí mismo una tradición.
Las cantoras no existen porque fueron registradas.
El registro existe porque ellas ya cantaban.
El valor del archivo consiste en permitir que esas interpretaciones, testimonios e imágenes puedan encontrarse nuevamente con otros públicos.
Pero la historia empieza antes.
Empieza en personas concretas.
En una madre que toca.
En una hija que observa.
En una guitarra que queda al alcance.
Y en alguien que, después de escuchar durante mucho tiempo, decide probar.
Ver el master
Cantoras Campesinas del Norte Neuquino | La Selección de VidiUX
Fuentes y material documental
Para esta Entrega se utilizaron y contrastaron materiales provenientes de fuentes institucionales.
